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En Babia / César F. Buitrón

El efecto insoportable del cambio horario

Ademar, Astorga, Cleba y 'Valentimo' Rossi sucumbieron al devastador efecto de dar una vuelta a la aguja del reloj

lunes 26 de octubre de 2015, 02:42h

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La Cultural salvó al deporte leonés de un pleno negativo por culpa del 'time lag'. Ese cambio de hora que tanto preocupa a mucha gente que asegura estar en riesgo de muerte dos veces cada año
El problema del cambio de hora visto por un dibujante genial, Rocchia.
El problema del cambio de hora visto por un dibujante genial, Rocchia.

Lo de los efectos del cambio de hora de los que tanto se queja mucha gente al día siguiente de que las dos pasen a ser las tres, siempre me ha parecido cosa de ‘lelos’ y snobs. Un asunto para eruditos universitarios que tienen que ocupar su tiempo en demostrar que los círculos son cuadrados. A mí me da pena esa gente que se siente desquiciada por el cambio horario hasta convertir su vida en un crudo infierno. Personas tan desesperadas que cambiarían a ojos cerrados una semana en el sur de Tenerife o en el Algarve por pasar los siete días en una casita rural en Mozóndiga. Todo sea por no pasar por el infierno de darle una vuelta hacia atrás a las manecillas del reloj y no saber si es de día o de noche, invierno o verano, siglo XX o XXI.

Y eso que yo este año me estaba empezando a plantear que algo sí que influía. Al menos para el deporte leonés. Menos mal que la Cultural vino a darme la razón ganando sin que el cambio horario alterara los biorritmos de los jugadores por mucho que saltaran al campo del Coruxo. Igual es que a Viti nadie le dijo que habían cambiado la hora y jugó creyendo que eran las cinco y media del día anterior. Menos mal. Le llegan a decir que eran las cuatro y media y lo mismo echa los dos balones a la grada.

Claro que teniendo en cuenta que era la Cultural la que jugaba después del fatídico cambio horario, lo que hacía falta es que cambiara la hora porque a los que les afectó de lleno el ‘time lag’ fue al Astorga, Ademar y Cleba.

A los maragatos alguien debió decirles que ya habían cambiado la hora el sábado y que no era necesario volver al campo después del descanso. Al Somozas no le avisó nadie y empató el partido jugando con uno menos y poniendo en graves problemas a los de Astorga. Queda tiempo para arreglarlo, pero no es sencillo salir de un bache con un entrenador cuestionado por la afición y una plantilla que, por los vaivenes del técnico en este primer cuarto de Liga, no se acierta a saber muy bien qué quiere ser de mayor, si una escuadra rocosa en defensa o alegre en ataque. Aristóteles dijo que la virtud está en el medio, pero se le olvidó añadir que en el medio también está la indefinición y eso en el fútbol no augura nada bueno.

Al Ademar, en cambio, se le olvidó salir del vestuario. Preocupados en cambiar la hora por si el partido se alargaba, sin darse cuenta que desde que los teléfonos inteligentes entraron en nuestras vidas no hace falta ni echar la hora atrás que ya lo hace él por nosotros, los leoneses salieron al pabellón de Pontevedra cuando el Teucro ya había metido nueve goles y eso es una desventaja demasiado grande aunque enfrente esté un recién ascendido. Primera derrota lejos de León, aunque el caso del Ademar es totalmente contrario al del Astorga. Los de Guijosa sí saben lo que quieren ser de mayores y sólo hace falta un poco de paciencia. Una virtud que no abunda demasiado en el ciclotímico y cainita entorno ademarista.

Y el Cleba… pues no fue un problema horario al principio ni al final, sino en el medio. Alguien debió decirles los peligros de no estar atentas cuando cambiara la hora y se pasaron diez minutos sincronizando sus relojes mientras el rival le pasaba por encima sin que ya se pudiera evitar la derrota que no empaña la buena primera mitad de la Liga.

A quién le influyó el cambio horario hasta llevarlo al límite de la locura patológica fue al idolatrado por muchos Valentimo (no es una errata) Rossi. El italiano, que es lo que mi niña define como un ‘tontaco del culazo’, se le paró el reloj con su patada a Márquez que le hace entrar directamente en el ’olimpo’ de los tontos contemporáneos. Si no fuera por el efecto enloquecedor del cambio horario habría que pensar que tanto él como el que le sancionó quitándole un punto menos que a mí vecino por aparcar en doble fila les falta un hervor.

Pese a todos ello, me reafirmo en que el cambio horario sólo le afecta a quien tiene mucho tiempo para perderlo mirando el reloj. Yo de momento son las tres de la madrugada y sigo sin tener sueño. Y eso que de ayer serían las cuatro. Lo cual no prueba nada porque debería tener más sueño. Así que debe ser que no me afecta. De momento voy a anular la reserva en ‘Los Balcones del Páramo’ y cambiaré la casa rural por un hotelito en Los Cristianos. A lo loco. Sin miedo al cambio de hora. Arriesgado que soy. Viviendo al límite.

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