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En Babia / César F. Buitrón

Y vosotros, ¿qué queréis ser de mayores?
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(Foto: César F. Buitrón)

Y vosotros, ¿qué queréis ser de mayores?

A veces es bueno echar la vista atrás, cuando preferíamos ser futbolistas a notarios

lunes 09 de noviembre de 2015, 15:19h

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En el colegio nadie cuestionaba que el gordito de clase jugaba al fútbol en el recreo porque era el dueño del balón. Por eso, entender que Aspire es el dueño de la Cultural nos ahorrará muchas discusiones bizantinas

Probablemente sea la primera pregunta que recordamos que nos hicieran cuando éramos niños. “¿Qué quieres ser de mayor?”. Una pregunta absurda, al menos para los niños de mi época porque todos queríamos ser futbolistas. Después, el tiempo y la evidencia de ser incapaces de regatear a una farola por muchos intentos que nos dieran, nos fue derivando a la mayoría por otros derroteros menos amables y que obligan a trabajar más de las 10 horas semanales que tiene de jornada un jugador de fútbol y, muchas veces, cobrar menos.

Es curioso, pero esa claridad de ideas que tenemos antes de que la vida vaya contaminando nuestros deseos, se acaba convirtiendo en indefinición para demasiada gente que quiere ser una cosa al levantarse, otra diferente a la hora del vino y una tercera cuando el carajillo que acompaña al café después de la comida empieza a dejar ver las cosas con una claridad que no existe al despertarse.

Demasiada gente que pide a gritos la llegada de Podemos, pero que a la vuelta de media docena de minutos escuchándole queda claro que Democracia Nacional tiene una buena cantera de voto oculto cuando la gomina empieza a dejar ver que la coleta es postiza.

El fútbol leonés tampoco se libra de saber qué quieren ser de mayor. Es un mal que acucia más a los aficionados que a los rectores de los equipos, pero sin que estos se libren de esas dudas existenciales. Le pasa al Atlético Astorga, que creó una plantilla para jugar al ataque olvidando que en esta categoría los cimientos son importante para que no se te caiga el edificio al primer empujón del rival. Lo que el equipo quería ser de pequeño, cuando empezaba la pretemporada, poco tiene que ver con sus sueños de mayor y para no tener que vagar de casa en casa cuando llegue la vejez han contratado a Paulino como esperanza para sacar la nave del pozo. Paulino siempre dio la sensación de que sabía lo que quería ser de mayor. Al menos en el campo vestido de corto. El banquillo de la Eragudina será su prueba de fuego. Un lugar del que puede salir reforzado.

En la Cultural sí tienen claro lo que quieren ser de mayores. Lo saben sus rectores, los jugadores, el cuerpo técnico y hasta una buena parte de la afición. Para que el éxito sea completo sólo hace falta que ese otro sector de la grada que quiere que el club sea de Catar pero mande en él uno de Mozóndiga o cualquier otro lugar de corazón cazurro, ponga los pies en el suelo y no se eche las manos a la cabeza cada vez que el entrenador ponga sobre el césped a Tameen, Sultan o los que vendrán de la mano de Aspire.

Seguro que al técnico, como a esa parte de la afición que no lo entiende, le gustaría fichar y poner en juego a dos o tres jugadores contrastados en la categoría con los que hasta el primer puesto del grupo estaría en juego, pero resulta que este club está vivo porque llegaron unos señores de Catar y lo compraron. De otra manera hoy estarían viendo al Ejido en la Granja como máximo representante del fútbol capitalino. Y Aspire no tira el dinero. Ellos sí tienen claro lo que quieren ser de mayores y quieren que sus jugadores jueguen y crezcan. Puede gustar más o menos. A mí, que siempre defiendo la pureza del deporte, no me agrada, pero es lo que hay. Lo tomabas o te hundías en el fango.

Por eso merece la pena volver a echar la vista atrás. A aquellos años en los que nadie queríamos ser registradores de la propiedad, ni notarios, ni censores jurados de cuentas, ni siquiera funcionarios de cualquier administración porque lo que queríamos era ser futbolistas. Entonces teníamos claro que el gordito con gafas, que aún era peor que yo con el balón en el pie, tenía que jugar en el recreo porque era el dueño del balón. Porque si no jugaba se llevaba la pelota. ¿O no? Pues eso.

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