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Libre y directo / Miguel Ángel González

Con Tornadijo empezó todo lo bueno... y lo malo.
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Con Tornadijo empezó todo lo bueno... y lo malo. (Foto: Jesús G.G. / Astorga Redacción)

Los males del Astorga

Aquello de “si algo funciona no lo toques” no se conoce en la capital maragata

lunes 14 de diciembre de 2015, 20:40h

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A buen seguro que si Sagrario tuviese una máquina del tiempo, la utilizaría para no volver a tomar decisiones equivocadas ni acometer acciones que pusiesen en peligro lo que sí funcionaba

Delicada situación la que tiene por delante el Astorga hasta final de temporada para salvar la categoría. Ni siquiera se ha llegado al final de la primera vuelta y, sin embargo, las sensaciones son más que preocupantes. Por juego, por resultados y por lo complicado de la clasificación liguera. Es cierto que sólo seis puntos, dos partidos, separan a los de Paulino de la salvación. Pero igual que en la parte de arriba sólo hay un equipo descollante, en la parte baja hay muchos equipos similares. Lo normal es que el descenso se dilucide en los últimos partidos, a no ser que un equipo quede descolgado antes de la batalla final. Y muchas papeletas para ser ese equipo descolgado las llevan los verdes.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? En primer lugar ascendiendo, algo que no debe olvidar ningún aficionado maragato. A partir de ahí, una serie de malas decisiones, un ambiente enrarecido y una permanente sensación de incertidumbre a nivel de entidad. Y cabe recordar que el primero que inició esto fue un señor llamado Carlos Tornadijo. Bajo su mandato aún se recuerda el partido que hizo el Astorga frente a la Cultural en León. Fue tal el ‘meneo’ que en el Reino de León aún tiemblan los cimientos. Un rondo de 90 minutos con ideas y un trato de balón exquisito. De ahí al ascenso.

Pero la vida en Segunda B no podía ser tan plácida como en Tercera División. Algo tan normal, tan lógico, que algunos parecieron no querer entenderlo. En fútbol muchas veces la pasión y la visión subjetiva ciegan la realidad sobre un equipo. Con el comienzo de los primeros reveses deportivos aparecieron los nervios institucionales, el mal ambiente, las dudas y los enfrentamientos. Enfrentamientos dentro de la caseta que desataban la rumorologia sobre quién mandaba en el vestuario y quiénes eran los favoritos de la directiva. El caso es que, con una clasificación deportiva exitosa para un recién ascendido (el equipo no había pisado zona de descenso), Tornadijo decide irse por desavenencias con una presidenta que extralimitó sus funciones. Desde luego aquello de “si algo funciona no lo toques” no se conoce en Astorga y el club pone su futuro deportivo en peligro por cuestiones personales.

A partir de ahí llega Pepe Calvo cuyos métodos y estilo de juego gustarán más o menos, pero bajo su dirección se logra la ansiada salvación en los últimos momentos. En definitiva, el resultado que la institución deseaba y un objetivo más que aceptable para un recién ascendido con presupuesto escasísimo. Pero de nuevo, aunque la cosa funcione hay que volver a girar el timón. Adiós Pepe Calvo. Y adiós también a Taranilla, Borjas Martín y Luís Arellano, entre otros.

Y hola a Álvaro García Moreno, un entrenador sin experiencia alguna en una categoría muy complicada. Un novel al frente de un equipo más débil que el que el año pasado se salvó sobre la campana. Sin futbolistas determinantes, la mayor parte es el bloque que logró el ascenso, y con una plantilla sin demasiadas alternativas. Desde luego rizar el rizo de la dificultad. No era complicado vaticinar que los maragatos iban a sufrir y mucho en esta temporada. Y así empezaron y así siguen: sufriendo.

La llegada de Paulino no ha modificado mucho la situación del Astorga. El equipo quiere morder más, apretar en la presión y desde luego no da la sensación fantasmagórica del inicio de temporada. Sin embargo, es complicado lograr el objetivo con tan poco y en una situación tan delicada. Mucho trabajo le queda a un Paulino que, hasta ahora, ha conseguido siempre sus objetivos deportivos como entrenador. Por trabajo no va a ser. Pero a buen seguro que si Sagrario tuviese una máquina del tiempo, la utilizaría para no volver a tomar decisiones equivocadas ni acometer acciones que pusiesen en peligro lo que sí funcionaba.

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