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¿Cherokee? No, de La Virgen / Ángel García

Paulino junto a Sagrario González.
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Paulino junto a Sagrario González. (Foto: Maikel Rodríguez)

El efecto Paulino

Si el Astorga buscaba un golpe de efecto, lo logró; si buscaba resultados, se estrelló

lunes 21 de diciembre de 2015, 20:01h

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No basta vender motos y golpear sobre una coraza en el pecho que resbala. El Astorga se desangra, ve que las cosas no le salen y trata de inculpar a una plantilla tan mermada como inocente

Hay entrenadores que juegan con los afectos, que se suben a carros donde sus ruedas no tienen problemas para encontrar acomodo en los caminos, que se señalan en sus anales donde los calendarios quedaron atrofiados. Los hay que se golpean el pecho, que gritan de cara a la foto, que se entusiasman a golpe de flash… en definitiva, hay entrenadores de pasarela barata –en función de la categoría-, y entrenadores currantes que se desgañitan, profesionales del fútbol mal pagado, alejado de los focos y de los colegiados. De estos últimos destacaría muchos por León, técnicos con pocos padrinos, con mucha biografía en campos de barro y tesón. Y con escasas oportunidades de demostrar que lo pueden hacer mejor que Paulino –hasta el cesado Álvaro García, por números, lo hizo por escaso margen mejor-.

De entre todo lo anterior sostengo mi opinión en el Astorga, sin atlético, como todos lo conocemos en esta provincia que engulle a lo autóctono por pensar lo lejano como mejor. Lo recuerdo desde la época de Tomé, cuando se decidió dar la alternativa a la juventud en vez de apostar por lo de fuera –algo de lo que Sagrario quiere dar a entender que sabe mucho, de ahí su acumulación de errores-. Blanco, Yagüe, Tejerina, Canelas, Villanueva… son los recuerdos a los que mis neuronas se aferran.

Pero lo de Paulino clama al cielo. Si buscaban un golpe de efecto, de circunstancias más mediáticas a nivel provincial, lo lograron. Si buscaban resultados, puntos, salir de la cola…se estrellaron. Eran, entonces, antepenúltimos. Ahora, últimos, superados por el Compostela y Peña Sport, aunque por muy poco. Se culpaba de los malos logros a un bisoño Álvaro García, pero su porcentaje de puntos, aunque de forma escasa, era superior al del albaceteño (el madrileño sumaba 0,72 puntos por partido, por 0,71 de Paulino). En cuanto al juego hay poco que decir cuando la necesidad ha pasado de apretar a ahogar. No basta vender motos, buscar golpes de pecho sobre una coraza en el pecho que resbala… el cuadro maragato se desangra, acumula partidos y ve que las cosas no le salen y trata de inculpar a una plantilla tan mermada como inocente.

Por eso se habla de salidas exponiendo implicación y compromiso como armas que serían muy discutibles. Se dan nombres y se les coloca en el cadalso de cara a la grada. Frutos de la comodidad para evitar asumir errores de talento y talante. Así, desde fuera, se somete a los culpables al juicio social de una afición que, supuestamente cegada por los colores, libera a los verdaderos responsables del desastre (directiva y banquillo).

El año pasado fue Pepe Calvo, un tipo honrado y currante alejado de unas cámaras de fotos que le desquician, el que libró a los verdes de un descenso catastrófico. Este año, intuyo, debería ser Paulino el que lo haga. Y no dudo que trabaje el ex del Puente, pero no todo es experiencia en el césped y parafernalia de cara a la grada. Si no buscaba experiencia Sagrario, creo que había en la provincia muchos, más y mejores técnicos para solventar el asunto. Y si la buscaba, también. Lástima que no se vendan, que les cueste horrores mostrar su historia, que no tengan padrinos, que no se den golpes en el pecho, que no busquen los focos, que no vivan en la opulencia de los medios, que no se sostengan haciendo la pelota, que sólo quieran lo que se merecen y que no vivan de una historia que no les permitan construir. Quizás no se enfrentaron a la grada (aún recuerdo la de Paulino defendiendo a la Cultural, a inicios de la temporada 2004 en el Nuevo Amilivia, cuando se enfrentó a la grada con un micro como protagonista. Luego echó la culpa al mensajero, al que sujetaba el micro, alguien a quien conozco de sobra), o al equipo rival aunque se llame Ponferradina (también recuerdo un playoff en Gran Canaria con un lío final donde el albaceteño era uno de los grandes protagonistas).

En fin, menos ‘paulinos’ y más sentido común. Precisamente el que aleja a los dirigentes maragatos de una realidad que les envasa, de seguir así, con un lazo de regalo, a una categoría inferior que conocen muy bien. Ojalá me equivoque.

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