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LA ENTREVISTA DE LA COPLA

Ruth Fernández, entre Pablo Valbuena y Jonás Díaz, los rectores del Restaurante La Copla.
Ruth Fernández, entre Pablo Valbuena y Jonás Díaz, los rectores del Restaurante La Copla.

Ruth Fernández: "He estado a punto de arrojar la toalla cientos de veces"

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:55h

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La entrenadora leonesa de gimnasia rítmica es un ejemplo de perseverancia. Con su trabajo ha conseguido que un pequeño club se convirtiera en el mejor de España. Con Carolina Rodríguez, en Londres 2012, tocó el cielo.
Ruth Fernández ha conseguido

El Club Ritmo es el santuario de la gimnasia rítmica en León. Allí fue donde hace casi 35 años Ángel Fernández Córdoba y Juan Carlos Saurina trajeron un nuevo deporte a la capital leonesa y dibujaron el boceto de lo que hoy es el mejor equipo de España. 35 años en los que han pasado de iniciarse en el gimnasio de la calle San Agustín, que sigue siendo el lugar donde empiezan todas sus niñas, hasta conquistar España y el mundo. Y en todo ese recorrido, primero como gimnasta y desde que tenía 14 años como entrenadora, Ruth Fernández.

Un nombre propio con mayúsculas del deporte leonés, que repasó para Sport León más de tres décadas de pasión por el deporte en un lugar inmejorable, el restaurante La Copla de la calle Renueva de León, mientras saboreaba un risotto de potro, un wok de verduras y pasta y un bitoque de lechazo. Muchos recuerdos que merecen ser conocidos porque son parte de la historia del deporte leonés y que repasó entre plato y plato preparado por Jonás Díaz.

Más de 30 años ligada a la gimnasia rítmica. ¿Muchos recuerdos?
Muchísimos. Creo que son 34 años sin dejar de pensar ni un día en la gimnasia rítmica porque este mundo es mi vida.

¿Cómo recuerda aquellos inicios?
Muy difíciles, pero llenos de ilusión. Mi padre, Ángel Fernández Córdoba, era un enamorado de todos los deportes. Un día descubrió la gimnasia rítmica. Se fue a ver un Mundial a Madrid y decidió abrir el Club Ritmo. Yo tenía 7 años y teníamos que ir aprendiéndolo todo poco a poco. Recuerdo que era una locura. Teníamos lista de espera en el gimnasio porque no había otro sitio en el que practicar la gimnasia rítmica.

Ruth Fernández, en el Restaurante La Copla.

¿Cuántas niñas habrán pasado por el Ritmo?
Imposible saber el número exacto. Más de 2.000. Seguro. Ahora ya están viniendo las hijas de nuestras niñas de aquellos primeros años, así que eso querrá decir que no hacemos mal las cosas.

Quienes las conozcan de hace unos pocos años quizás crean que llegar a ser las mejores de España ha sido un camino de rosas.
De espinas, más bien. No ha sido nada fácil. Hemos tenido que irnos a competir con Asturias porque aquí nos hacían la vida imposible, hemos tenido que entrenar en los sitios más atípicos, sufrir mil desplantes, no tener ningún tipo de ayuda… Por suerte parece que es verdad eso de que el que la sigue la consigue y hoy todo es distinto, pero ha habido que luchar y trabajar mucho. Mucho más de lo que la gente puede llegar a imaginarse.

A la gente le costará creer que se entrenaron en una iglesia.
Pues así fue. Nada menos que cuatro años. El gimnasio se quedaba pequeño para el equipo de competición y nadie nos dejaba un pabellón, así que nos ofrecieron utilizar la vieja iglesia de Puente Castro que entonces estaba abandonada. Había un frío horrible y no teníamos el espacio necesario, pero allí llegaron las primeras medallas y allí se empezó a formar Carolina Rodríguez. Recuerdo aquellas jornadas de 10 horas de entrenamiento los sábados comiendo un bocadillo allí mismo.

¿Y después de la iglesia?
Cuando ya no pudimos utilizarla porque la iban a reformar nos ofrecieron una fábrica de terrazo en Torneros, de allí nos fuimos a una nave en Vilecha y después ya acabamos en Armunia, que es ya más cercano en el tiempo y donde estuvimos hasta que pudimos empezar a usar el Ceard.

¿Han pasado mucho frío?
Muchísimo. Pero yo siempre digo que eso nos hace valorar lo que tenemos ahora y saber lo que hemos sufrido para llegar hasta donde ahora estamos. Las niñas que triunfen a partir de ahora lo tendrán más sencillo, pero no tengo claro que su voluntad sea tan firme como la de las generaciones anteriores, que tenían que ir a entrenarse con bufanda y tres camisetas y sudadera porque estábamos bajo cero en muchos días del invierno.

¿Qué más obstáculos tuvieron que vencer?
Muchos más. Nos sentimos despreciadas durante mucho tiempo en nuestra propia casa. Cada competición a la que íbamos era un suplicio. Nos ‘atizaban’ en los provinciales y en los autonómicos. No nos dejaban llegar al Nacional. Y así cada competición. Nos menospreciaban. Nos llamaban cursillistas… y cosas peores.

Ruth Fernández reconoce que la gimnasia rítmica es su vida.

¿Cómo lo superaron?
Nos federamos por Asturias y allí, sin rencillas, pudimos demostrar lo que valíamos. Allí llegó nuestro primer despegue y conseguimos las primeras medallas a finales de 1995 y, sobre todo, en 1996. Irnos a Asturias fue una determinación de mi padre para no arrojar la toalla.

¿Por qué decidieron volver si allí les iba bien?
Eso también fue decisión de mi padre. Allí estábamos bien, pero estábamos en tierra de nadie. Somos de León. Estábamos orgullosas de ser de León y éste debía ser nuestro sitio. Fue un acierto irnos y también lo fue regresar.

¿Cómo se explica el milagro de que con todos esos problemas el Club Ritmo haya llegado a la cima?
No creo que haya más secreto que el trabajo. Fue un proceso largo y lento. Hasta 1991 no conseguimos clasificar a nuestro primer conjunto para un Nacional. Era la generación infantil de Carmen y Lorena, que siguen estando en el club..

Pero alguna vez habrá estado tentada de arrojar la toalla.
Cientos de veces. Cada año, pero el bajón me duraba unos segundos y cada revés que teníamos me hacía levantarme con más fuerza. Cada vez que estaba a punto de arrojar la toalla aparecía mi padre para decirme que el camino nunca era sencillo y que el que la seguía la conseguía. Y además de mi padre, siempre he tenido cerca a Nuria Castaño, que hoy es directora técnica de la Federación de Castilla y León y que empezamos juntas y siempre ha estado conmigo. Quizás si lo hubiéramos tenido más fácil no habríamos llegado tan alto.

¿Cuándo decidió que quería ser entrenadora?
Desde siempre me gustó. Desde que tenía 12 años yo me hacía mis propios montajes y siempre recuerdo que era yo una niña y entrenaba en el hall del gimnasio a las niñas que la entrenadora que entonces había en el Ritmo decía que no tenían nivel suficiente para competir y se quedó con una sola gimnasta. Con aquellas niñas que yo empecé a entrenar conseguimos ganar a la que ella entrenaba.

Ruth Fernández felició a Jonás Días por la cocina de La Copla.

Dejarlo todo para ser entrenadora de un deporte minoritario en el que no se mueve el dinero como en otros, ¿no tiene un punto de inconsciencia?
Si no hubiera tenido un padre como el mío, tan metido en el mundo del deporte no lo habría podido hacer. Él me apoyó porque sabía que era mi sueño, pero siempre obligándome a que me formara y tuviera mis estudios. Y eso mismo trato de inculcárselo a las niñas que se hacen entrenadoras y quieres seguir mis pasos.

Y ahora que son un club importante. ¿Ha cambiado mucho en su estructura?
Tampoco creas que tanto. Seguimos siendo una familia por encima de un club. Mi madre sigue haciendo las mallas de las niñas y aunque ahora tenemos un buen sitio en el que entrenar y tenemos a 30 niñas en el equipo de competición, seguimos con los pies en el suelo. Tenemos 150 niñas en el club entre las de competición y las del gimnasio y solos tres entrenadoras.

Al menos tendrán más apoyos.
En parte sí. Ahora nos sentimos apreciadas en nuestra casa. Tenemos el respaldo de la opinión pública, un buen lugar donde entrenar cada día y el respeto de las instituciones. Pero seguimos sin tener las cosas fáciles. Hacemos lo que hacemos sólo con las niñas que nos vienen voluntariamente porque jamás nos han mandado a las niñas que tienen aptitudes de la Escuela Municipal de Gimnasia Rítmica. Es curioso porque eso en otros deportes sería impensable.

¿Eso tiene alguna explicación?
No lo creo. Se nos ha criticado nuestra forma de trabajar, pero yo siempre digo lo mismo. Si fuéramos tan malas, no tendríamos a las gimnastas más longevas de España, que llevan con nosotras desde que eran alevines y ya tienen más de 30 años. Ni vendrían las hijas de madres que fueron gimnastas con nosotras.

¿Cuál sería ese momento con el que se quedaría como recuerdo imborrable?
No podría quedarme con uno solo. Quizás el debut de Carmen Cuenca en Primera Categoría o el ascenso en 2004 a Primera Categoría del Conjunto que fue algo histórico. Me quedo con eso antes que con el primer podio que llegó al año siguiente y del que ya no nos hemos bajado ningún año.

Ruth, junto a su marido, el exjugador de la Cultural, Alberto Mediavilla.

¿Recuerda aquel conjunto que ascendió?
¡Cómo iba a olvidarlo! Carmen, Lorena, Verónica, Itziar y Noemí.

¿Y el momento que borraría de su carrera deportiva?
Cualquiera de aquellos cuartos y quintos puestos en los que acabábamos y yo sabía en mi fuero interno que habríamos merecido la medalla. Hubo alguna injusticia tan grande que no se puede entender. Quizás no sepa mucha gente que a Carolina Rodríguez, cuando ya era la mejor de España, la dejaron fuera de un Nacional para que fuera la hija del que entonces era el presidente de la Federación de Castilla y León.

¿Si le digo que elija a una de sus gimnastas sería posible?
Muy difícil. Carolina es la enseña del club. Ha sido olímpica dos veces. Eso lo dice todo. Pero si a Carolina le preguntas por su modelo a seguir te dirá que es Carmen Cuenca. Carmen lo ha sido todo en este club y lo sigue siendo. Ella es otra de esas gimnastas importantes. Como todas las que han sido internacionales después de Carolina. Y todas las niñas que han pasado por el club porque al final ellas han sido las que han hecho grande al Club Ritmo.

¿Recuperar a Carolina Rodríguez y hacerla olímpica de nuevo es su gran milagro?
Carolina ha sido un suceder de milagros. Fue un milagro que llegara a nosotras. Fue un milagro que llegara a ser campeona de España entrenándose en una iglesia y eso le abriera las puertas de la selección. Y cuando regresó de Madrid, hundida, era un milagro que volviera a competir. Yo trabajé con ella más la cabeza que el cuerpo porque el talento lo tenía. Costó, pero poco a poco, casi engañándola al principio, volvió a competir y, no sólo eso, sino que volvió a ser olímpica y mejorando cada año su nivel.

¿Es tan especial como dicen estar en unos Juegos Olímpicos?
Ése es otro de esos momentos imborrables. Verte allí, en la gran fiesta del deporte y junto a una gimnasta que sabes lo mucho que ha tenido que sufrir... Es uno de esos momentos en los que piensas que los esfuerzos hechos han merecido la pena.

Parece imposible crecer más cada año. Parece que el Club Ritmo ya ha tocado el techo. ¿Y ahora qué?
Seguir trabajando. Nuestra máxima es que “siempre se puede conseguir un poco más”. Está avanzado un proyecto para tener un núcleo nacional de gimnasia rítmica en León. Si sale adelante supondría que vendrían a entrenarse a León niñas con condiciones que no tienen en sus lugares de residencia un grupo de entrenamiento en el que puedan progresar.

¿No se cansa nunca de pensar en la gimnasia rítmica?
Nunca. Es mi pasión.

Y entre wok, bitoque y risotto voló el tiempo. Ruth Fernández miró el reloj y apuró el café. Se despidió de Jonás Díaz y Pablo Valbuena, los dueños del Restaurante La Copla, y se fue a carreras para el Ceard. Sus niñas le esperaban como cada tarde. Y eso es sagrado. Ella no lo puede decir, pero ése es el secreto de su club: su dedicación. 24 horas al día y 365 días al año de rítmica en estado puro.

Ruth ha conseguido que un deporte minoritario sea tenido en cuenta en León.

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    181 | Manoli - 09/05/2013 @ 04:58:27 (GMT+1)
    Todo lo que cuenta Rhut es real como la vida misma, y aun es generosa y se deja cosas en el tintero. Ruth, Nuria y esas preciosas gimnastas se merecen lo mejor. Efectivamente el esfuerzo y el trabajo es la forma de llegar y por fin era hora de que tuvieran un lugar digno donde entrenar. Felicidades a todas ellas.

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