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La afición es la única que ha estado sobresaliente en esta temporada.
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La afición es la única que ha estado sobresaliente en esta temporada. (Foto: César F. Buitrón)

Muchos culpables y un solo inocente

La afición, lo único que se salva de una Cultural en la que todos han fallado estrepitosamente

viernes 17 de mayo de 2019, 12:20h

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Con el presente enterrado y el futuro en entredicho por la nefasta planificación de esta temporada, bueno sería que la Cultural no hiciera bueno esa máxima que dice que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso siempre es huérfano

La Cultural ya está de vacaciones. Cuando arrancaba la temporada, allá por el mes de agosto, el sueño era acabarla un poco más tarde. El primer fin de semana de junio. Nadie imaginaba un escenario diferente para un equipo construido a capricho que ser primero del grupo y ascender a la primera de cambio. Si acaso, que a una eliminatoria todo puede ser, que otro primero de grupo le noqueara y tuviera que prolongar la temporada cuatro semanas más para ascender a finales de junio.

Ésa era la realidad de un equipo con el presupuesto más alto de la categoría –filiales aparte-, con jugadores que en su puesto eran los mejor pagados –o como mucho los segundos que más cobraban- de los 80 equipos de Segunda División B. Sobresaliente o suspenso. No había calificaciones intermedias admisibles. Y el resultado fue un suspenso rotundo que se veía venir desde que la temporada había quemado apenas un mes. Un suspenso del que nadie se hace cargo. Es lo habitual. Pero da igual. Para la afición, que es la única que se ha ganado el sobresaliente en este curso, los culpables están muy claros: culpable son todos.

En un año calamitoso no se salva nadie. Ya deberían estar reclamando su culpa quienes gestionan el club. Si presumían -con razón- en los buenos momentos, deberían dar un paso al frente y reclamar para sí mismos la parte más importante de la patria potestad del desastre. Ellos fueron culpables de poner a pilotar un transatlántico a un entrenador que no había pasado de remar en una piragua en una despedida de solteros por el Sella. Culpables por permitir que Víctor Cea desmantelara el cuerpo técnico que rodeaba a Rubén de la Barrera y que, para colmo de males, construyera una plantilla sin reparar que necesitaba dos porteros y al menos un par de delanteros.

Culpable, también, José Manuel Aira, que tuvo medio año para reconducir la situación y dinero para fichar a capricho en enero. Pero el entrenador berciano se instaló en una eterna pretemporada de pruebas sin sentido en busca de un ‘once’ que le funcionara sin lograrlo hasta que ya todo estaba perdido. Y culpables la mayoría de los jugadores que han mostrado en muchos partidos una desgana impropia de quienes deberían haber impuesto su jerarquía en casi todos los partidos de la temporada. Pocos jugadores se salvan de la quema y para colmo de males, la mayoría de los que pueden salir a la calle con la cabeza alta o acaban contrato –Iván González-, o han estado defenestrados media liga –Antonio Martínez o Yeray González- o se irán de León el fin de semana porque estaban cedidos por otros clubes –Zelu, Liberto, Pablo Vázquez o Eneko Capilla-.

De esa lista de culpabilidad interminable también se podría librar a la Academia Aspire, aunque no del todo. La Academia se salva porque no escatimó en medios para conseguir el ascenso, pero falló en entregar el proyecto a gente que demostró hace un año ser incapaz de gestionar un equipo profesional y se ha vuelto a estrellar este año enterrando su dinero en el fango.

Muchos culpables que no van a asumir sus errores. Que ya se sabe que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso siempre es un pobre huerfanito que nadie quiere. Lo malo es que esta temporada para olvidar no acaba con el cierre del ejercicio. Aspire hace meses que empezó a recelar por mucho que desde el club lo nieguen. Y como herencia de esta temporada van a quedar unos contratos – ocho jugadores con unos sueldos desorbitados para la categoría y alguno de ellos vigentes hasta 2021- que hipotecan el futuro económico de un club que la próxima campaña no tendrá el colchón del fondo de descensos. A muchos se les abrirá la puerta y la mayoría seguirán teniendo equipos que los quieran, aunque no al precio que cobran en la Cultural. Y eso obligará a pagar parte de sus fichas para liberar el dinero necesario para dar forma a una plantilla capaz de pelear por el ascenso. O, lo que s lo mismo, destinar una parte importante del presupuesto a pagar a jugadores que no van a sumar al equipo, aunque en el caso de muchos de ellos con que dejen de restar ya da un resultado positivo.

Por delante queda un mes y medio que será clave. Y los movimientos que haga la Cultural dejarán patente si es cierto que Aspire sigue yendo a muerte con la Cultural y pone encima de la mesa el dinero para dar forma a otro equipo de postín o si las dudas de los movimientos de los cataríes son más que meros rumores. Pero de una u otra manera, con dinero o sin él, el fracaso está garantizado si quien tiene que fichar es el mismo que lo haya hecho esta temporada. O nadie se ha parado a pensar que alguien en la Cultural decidió fichar el pasado verano por tres años a Aridane -pagándole lo que cobra-, un jugador que ha demostrado ser tan válido para Segunda División B como incapaz para Segunda. Quizás sea la demostración de que el horizonte del club era seguir tres años en Segunda División B. Pues, de momento, misión cumplida.
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