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Opinión

El futuro de Aira está en entredicho tras un mes y medio para olvidar en la Liga.
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El futuro de Aira está en entredicho tras un mes y medio para olvidar en la Liga. (Foto: César F. Buitrón)

Padre Nuestro que estás… (con Aira)

domingo 23 de febrero de 2020, 21:03h

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Estoy haciendo acto de contrición. Me lo debo a mí mismo. Os lo debo a vosotros. Apostaba porque el berciano Aira hubiera aprendido la lección del curso anterior, porque hubiera memorizado los contenidos que expuso en temporadas precedentes y le llevaron al acierto –Albacete- o al error -Murcia, Cultural la campaña anterior…-, pero no. No fue así. Y eso que es un técnico al que se le ven cosas, detalles de entrenador para mayores vuelos, pero que tiene un instinto innato para autoflagelarse.

Aira es ese técnico de los de primera fila en la escuela, de buen comportamiento, que suple con actitud interpretaciones sobre el césped. En este caso, el salto del aprobado al sobresaliente evitando el notable. Aira es ese entrenador de la casa, con más talante que talento, pero que no termina de llegar al jugador. De hacerlo, sería imposible estar vagabundeando por la parte alta de la tabla, semana tras semana, pero sin morder. Quizás el nivel del grupo lo evidencia. Un equipo brutal, la UD Logroñés, y el resto, a rebufo entre el error y la improvisación. Porque se improvisa mucho. Demasiado. En condiciones normales los filiales no pulularían en puestos de ‘play off’; los clásicos no estarían tratando de remendar sus historias -e histerias, véase el Burgos o el Salamanca-; y los aficionados blancos pensarían más en el regreso de José Luis Gago o La Quiniela de los Entendidos que en la rutina que se les suponía de arrasar, al perder la cuenta de los puntos con los que se aventajaba a los rivales.

Las heridas no pueden ser lamidas por la Copa del Rey. Ese premio no deja de ser un regalo para la dignidad de unos jugadores que justifican sus salarios elevados -que paga Llamazares- y que sirven para cuadrar la caja. Pero es ahora cuando el ‘boss’ de los despachos -al que intuyo que debe de saber de despachos, pero nada de fútbol- tiene que dar un golpe sobre la mesa y pensar en el equipo más que en tener dirigiéndolo a alguien servil, de los que se pliegan al poder de los que deciden.

Opino, claro está, porque, me dicen, muchas veces los fantasmas que se ven no están los vestuarios. Y tratar de quitarles la sábana desenmascara otras realidades. Y, como me comentan algunos, tweet tras tweet, que no tengo ni idea, pues he de darles la razón. Acumulo ya más de treinta ‘padresnuestros’ por haber vendido la moto de pensar en Aira como la mejor opción para el banco culturalista. Le pensaba aprendido, docto en errores y salvaguardado por ese instinto de supervivencia que tienen los entrenadores. Pero nada, ha vuelto a mostrarse como se le conocía en sus experiencias previas -aunque en Albacete le sirvió-: mojigato en los ‘onces’, prudente con la prensa y errático en sus planteamientos. Por suerte, la Cultural se sostiene con la grada porque de la historia se ha aprendido muy poco. O nada. Sigamos en el charco.

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