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Obituario

Manolo Gloria en el podio de la última Vuelta Ciclista a León junto al ganador, el italiano Alessandro Fancellu.
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Manolo Gloria en el podio de la última Vuelta Ciclista a León junto al ganador, el italiano Alessandro Fancellu. (Foto: César F. Buitrón)

Adiós a uno de los pioneros del deporte leonés

Manolo Gloria falleció a los 84 años de edad dejando para el recuerdo una vida de esfuerzo y muchas anécdotas

lunes 13 de abril de 2020, 12:17h

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Nacido en Benavides, Manolo Gloria fue uno de los pioneros del ciclismo leonés, y un enamorado de un deporte que practicó casi hasta los últimos días de una vida apasionante en la que fundó empresas tan pujantes como Gravera las Omañas

Sin el homenaje que habría merecido, sin el reconocimiento que cualquiera de los pioneros de su generación se ha ganado con creces. En silencio, casi furtivamente se fue Manuel González Marcos. Dicho así sólo sus más cercanos sabrían de quién hablamos, pero basta con decir su nombre de ‘guerra’, Manolo Gloria, para que basten más presentaciones.

Manolo Gloria falleció en plena Semana Santa a los 84 años. En plena crisis del coronavirus, en la intimidad, recibió su último adiós uno de los últimos ciclistas que crecieron en los primeros años de la postguerra y disputaron aquellas carreras heroicas de los 50 y 60 en los que los ciclistas tenían que pelearse con sus familias para comprarse una bicicleta, que no sólo era su herramienta para correr, sino su medio de transporte para recorrer media provincia, participar en las carreras y volver a casa, en su caso a Benavides de Órbigo.

Son años muy lejanos, inimaginables para quienes ahora se inician en el deporte, pero entonces era lo que había y Manolo Gloria, un chaval espigado, mucho más alto que los chavales de su generación, no se rindió ante la negativa de sus padres a sus veleidades deportivas.

Manolo Gloria era un tipo ameno y con un repertorio infinito de anécdotas ciclistas. No solo de triunfos, que también los hubo en su palmarés, aunque en aquellos años difíciles los éxitos difícilmente pasaban del ámbito provincial, sino de sus vicisitudes, como su insistencia para que le compraran su primera bicicleta que obligó a su madre a dar su brazo a torcer y vender un buey para que Manolo tuviera su deseada bicicleta “que costó 1.700 pesetas, aunque bien amortizados porque no sabría calcular todos los kilómetros que hice y las ruedas que pinchó en aquellas carreteras llenas de baches y gravilla”; o aquella vez que tuvo que escaparse de casa descolgando la bicicleta atada a unas sábanas por una ventana desde la que luego saltó él para poder participar en la carrera de su pueblo; o aquella vez que se fue de Benavides a Bembibre, corrió y volvió para casa dando pedales; o su victoria en ‘casa’ un día que todos le miraban raro porque llegó directo de ayudar a su hermano en el campo, “pero les di para el pelo”, recordaba Manolo Gloria que conservaba varias de las bicicletas de sus primeros años y fotografías de sus carreras para recordar aquellos años complicados en los que creció.

Más allá de sus hitos como ciclista, Manolo Gloria fue y era un entusiasta del ciclismo. Tanto que hasta sus últimos días salía con la bicicleta a hacer “40 o 50 km porque lo necesito”, recordaba en la última Vuelta Ciclista a León de la que era uno de los patrocinadores desde hace varias ediciones. Y esa misma pasión y tenacidad que puso en el deporte la llevó a su vida empresarial en la que triunfó mucho más que en el deporte y no era sencillo para alguien que tenía 100 pesetas -0,60 euros- como ‘capital social’ de un regalo de boda con el que empezó a dar forma a lo que llegaría a ser –muchos años después, en 1985- Gravera las Omañas.

Un sueño umplido que había empezado muchos años atrás con un camión que compró en un desguace madrileño, “un ‘Pegasín’ con el que empecé repartiendo carbón y madera por Galicia y trabajando y ahorrando para comprar otro mejor”. Y no compró uno sino muchos más hasta dar forma a Gravera las Omañas, una de las empresas más pujantes de la capital leonesa, que se puede ver al salir por la LE-30 a la altura de La Virgen del Camino, que ha heredado el amor al deporte de su fundador patrocinando carreras ciclistas y otros deportes, como el Ademar, al que lleva apoyando muchos años.

Un adiós en silencio que bien merecería a la vuelta de este confinamiento, un reconocimiento que en vida sólo le llegó de la Vuelta Ciclista a León de 2017. Al menos para que su nombre no se pierda en el olvido como le ha pasado a otros pioneros del deporte leonés.
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