www.sportleon.com

Más allá del deporte

Uno de los pequeños aspirantes a boxeador se pone en guardia con sus enormes guantes. (Foto: Reportaje gráfico de César F. Buitrón)
Uno de los pequeños aspirantes a boxeador se pone en guardia con sus enormes guantes. (Foto: Reportaje gráfico de César F. Buitrón)

El sueño de San Vicentín

Vicente Barrul ayuda a los niños del barrio de la Inmaculada a encauzar su vida a través del deporte

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:55h

google+

Comentar

Imprimir

Enviar

En junio los desalojaron de una vieja nave abandonada. Parecía el final, pero acabó siendo el punto de arranque de una aventura en la que participa más de medio centenar de niños y niñas en el Centro Cívico Ventas Oeste

l Carta abierta de Vicente Barrul

l Apoyo del concejal del Deportes

No es fácil ser niño en el barrio de la Inmaculada. Él lo sabe bien. En aquellas calles creció, en aquel barrio vivió y sigue viviendo y entre su gente quiere seguir trabajando para que esos niños pequeños que corretean a su alrededor y lo ven como un ídolo, tengan la misma vía para crecer y vivir que a él le dio el deporte. Vicente Barrul, 'Vicentín' como le conocen en su barrio y en el mundo del boxeo, es hoy un hombre feliz. No hace nada para que se lo agradezcan. Él trabaja a cambio de una sonrisa.

Hace poco menos de un año su sueño se desvanecía. La nave en la que entrenaba a dos docenas de niños amenazaba ruina después de un incendio que la dejó semiderruida. Los desalojaron de allí para derribarla pocos días después. Aquel día de junio de 2013 recogió su cuadrilátero, empaquetó los viejos sacos que colgaban del techo y los guantes que había ido juntando a lo largo de su carrera deportiva y se fue para casa después de compartir un chocolate de despedida con aquellos pequeños aspirantes a boxeadores.

Aquel día que pisó la vieja nave por última vez escribió: “No sé por dónde empezar por culpa de la pena que llevo dentro. Intento ser positivo y sacar lo bueno de lo malo para calmar mi pena y seguir con el proyecto. Lo más grande que hay en el mundo es estar con los niños, enseñarles un camino, educarlos en el deporte, vivir día a día con ellos, darles mis respetos y regalarles mi tiempo, contarles cómo me cambió la vida, la mente y mi cuerpo gracias al deporte. Darles, en fin, a entender que yo no tuve la oportunidad que ellos tienen ahora mismo. Cuando escribo estas líneas son las tres de la madrugada. Pienso que mañana es el último día que vamos a estar en nuestro gimnasio, ése que hemos montado entre todos y al que tanto tiempo le hemos dedicado y no me puedo dormir", escribió Vicentín aquella angustiosa noche en la que veía tambalearse su sueño.

Vicentín no podía imaginar que hay finales que, en realidad, son principios. Quizás fuera ese Dios al que se encomienda y al que agradece cada paso que da por el buen camino de la vida; o que la provicencia tiende a ser justa con quien lo merece, pero cuando el concejal de Deportes de León, José María López Benito, se enteró de que había un grupo de niños que se quedaban en la calle le prometió que le ayudaría a encontrar un sitio mejor junto a la Asociación de Vecinos del Barrio de la Inmaculada. "Vamos a seguir adelante aunque hayan derribado el gimnasio. Y lo haremos con la ayuda de Dios y los buenos corazones que estoy seguro que nos van a ayudar”, escribió aquella madrugada de junio. Parecía una premonición.

Un lugar inmejorable

El Centro Cívico ventas Oeste tenía una parte sin acondicionar. Él mismo se encargó de la obra. El Ayuntamiento de León le consiguió los materiales, puso la mano de obra y en tres meses aquello ya parecía un gimnasio de verdad en el que él pone su experiencia y sabiduría al alcance de una cuadrilla de niños y niñas que no deja de crecer y que, poco a poco, van viendo cómo mejoran los medios con sacos que le han regalado entre algunos padres de los futuros boxeadores.

Vicentín encarna ese último romántico del deporte. El entusiasta que entrega su tiempo sin darle el valor que tiene. Uno de esos personajes imprescindibles en el deporte y en la sociedad en los que nunca se piensa cuando una asociación cualquiera premia gestos o actitudes que siempre acaban agasajando a algún personaje poderoso que hjace un gesto de cara a la galería. lo suyo es de corazón. Y es el corazón el que orienta todos sus pasos. Sólo así podría funcionar una aventura como la suya.

Sabe que no puede pedir dinero a unos padres que bastante tienen con poder dar de comer a sus niños cada día y, aunque no le gusta que se diga, su escuela no sólo no le da dinero, sino que le cuesta cada mes un buen pellizco. En estos meses ha comprado un chándal a un niño que no tenía ni siquiera ropa que ponerse y ha entrenado con una sonrisa a todos los que han llegado hasta superar ya el medio centenar de boxeadores. Cuatro horas cada día, desde las seis de la tarde hasta las 10 de la noche. Y otras tantas los sábados por la mañana. Mucho tiempo que 'San Vicentín' entrega de corazón. Se siente pagado cuando ve el entusiasmo de los niños y se le iluminan los ojos al imaginarse un día en la primera fila viendo pelear a uno de esos niños en un combate. "Ojala ese sueño también se cumpla porque sería muy importante para todos estos niños y niñas", asegura Vicente Barrul que ha creado un club en el que se integran esos niños, el Club Deportivo Boxeo León Fuerte y Constante. "Elegí ese nombre para el club porque así es mi corazón y así deben ser los niños y las niñas de este barrio".

Madera de boxeadores grandes tienen varios de ellos. Sólo hay que verlos lanzar sus manos y esquivar con la cintura los que marca su entrenador, que trata de transmitirles aquella técnica que lo llevó a ser habitual en el podio de los nacionales con Manolo Casas, otro grande del boxeo leonés, en la esquina.

Alguno de esos niños que ya estaban con él en la nave abandonada debutará en el próximo Campeonato de España de la categoría cadete. A él le toca encauzarlos por el mundo del deporte y alejarlos de otros caminos que él vio a su alrededor cuando tenía la edad de sus pupilos. Amigos de la infancia que hoy están en la cárcel, malviviendo "o que Dios se los ha llevado con él", recuerda Vicentín, que reconoce que "yo tuve la suerte de encontrarme con el deporte y aprender los valores que tiene el deporte", explica el excampeón de España de boxeo aficionado.

Él es hoy el entrenador que aconseja a los niños, el que ya no necesita soñar porque siente que está viviendo en un sueño: el sueño de San Vicentín. Un sueño al que están dando forma entre todos, pero al que aún le quedan las mejores páginas por escribirse.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(1)

+

0 comentarios